Entrevista: Fragilidad geológica y actividad humana amenazan sostenibilidad de suelo kárstico en sureste de México, afirma investigadora

Por José Gabriel Martínez y Ricardo Montoya MÉRIDA, México, 11 may (Xinhua) — La fragilidad geológica de la Península de Yucatán, en el sureste de México, y el crecimiento de actividades urbanas, agroindustriales y turísticas sin controles adecuados han colocado a la región ante una crisis ambiental que amenaza sus acuíferos, ecosistemas y formas tradicionales de vida, advirtió la investigadora mexicana Yameli Aguilar. La especialista del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) señaló, en entrevista con Xinhua, que el principal desafío radica en la vulnerabilidad natural de los sistemas kársticos de la península, formados por rocas sedimentarias solubles y caracterizados por suelos delgados y acuíferos superficiales. «Son suelos que son erosionables de manera más fácil y que tienen poca capacidad de carga para soportar cualquier perturbación. En el caso de la península, al ser una gran plataforma geológicamente joven si se compara con otras zonas de México y el mundo, tenemos la particularidad de que los acuíferos también son poco profundos», explicó la investigadora. Aguilar, bióloga de formación con maestría en Ingeniería Ambiental y doctorado en Geografía, detalló que la región está conformada por cavernas, cenotes, rejolladas, grutas y otras geoformas conectadas con el subsuelo, lo que facilita la infiltración rápida del agua y, al mismo tiempo, de contaminantes. «En estas regiones hay una alta variabilidad de formas de relieve y de suelos. Su característica principal es que los suelos dominantes son muy delgados, muy pedregosos, y dentro de la clasificación científica se consideran protosuelos o suelos de reciente formación», apuntó. La experta explicó que, a diferencia de otras regiones de México, la Península de Yucatán depende casi por completo del agua subterránea para abastecer a poblaciones urbanas, rurales y costeras. «Quienes vivimos en la ciudad no los vemos, pero están a muy poca profundidad», dijo sobre los acuíferos expuestos que caracterizan a la región, algunos de los cuales, como los cenotes, están entre sus principales atractivos naturales y turísticos. En años recientes, añadió, el INIFAP y otras instituciones han desarrollado investigaciones apoyadas en drones, sensores y monitoreo hidrológico para estudiar el comportamiento de estos sistemas y documentar los efectos del cambio climático y de las actividades humanas sobre el suelo y el agua. La científica alertó que uno de los principales riesgos es la contaminación derivada de actividades agroindustriales, especialmente de granjas porcinas y monocultivos intensivos, además del crecimiento urbano desordenado. «Hay una generación muy alta de contaminantes de todo tipo, y lamentablemente no siempre hay plantas de tratamiento que puedan bajarle la carga de contaminantes a los residuos que se generan», aseveró. «Toda la contaminación que se genera tierra adentro tarde o temprano se descarga hacia el mar y también allí genera otro tipo de problemáticas como la eutrofización de los cuerpos de agua, que conlleva también al aumento de sargazo, marea roja, e impacta a la pesquería, la actividad turística y, en general, a las zonas costeras», sostuvo Aguilar. Según explicó, diversos estudios han detectado presencia de organoclorados, metales pesados y materia orgánica en pozos, cenotes y aguadas utilizadas por las comunidades. También mencionó investigaciones que relacionan actividades porcinas con biomarcadores de contaminación en poblaciones cercanas. La degradación ambiental impacta de igual forma ecosistemas costeros como manglares, humedales y petenes, cuya supervivencia depende del equilibrio entre agua dulce y agua salada. «Lamentablemente, cuando suceden estos procesos de deforestación, de crecimiento urbano, de sobre extracción de agua, se alteran estos equilibrios y también se induce a la salinización debido al agua de mar, y se corre este riesgo de mezclar el agua de mar con el agua dulce que generalmente está flotando», indicó. En este sentido, Aguilar consideró que parte de las soluciones pasa por recuperar conocimientos tradicionales de manejo del territorio, desarrollados históricamente por las comunidades mayas. «La cultura maya supo aprovechar bien estos espacios con prácticas diversas que atendían a la diversidad de ambientes. La meliponicultura (cría y manejo de abejas meliponas) también es un gran ejemplo de cómo había un aprovechamiento de verdad sostenible por este aprendizaje de la heterogeneidad del ambiente», afirmó. En contraste, señaló que modelos basados en monocultivos, turismo corporativo y megaproyectos generan una transformación acelerada del paisaje y aumentan la presión sobre el agua. La investigadora reconoció que México ha avanzado en regulaciones para proteger los suelos kársticos y controlar las descargas de aguas residuales, aunque subrayó que el principal problema sigue siendo la aplicación efectiva de las leyes. A su juicio, la creciente escasez de agua y los problemas de contaminación podrían impulsar una mayor conciencia social en la región. Fin