Opinión de invitado: América Latina, una región que necesita integrarse para sobrellevar los tiempos inciertos

«La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino.» — Simón Bolívar Por Tatiana Gélvez Rubio La integración ha sido un anhelo históricamente perseguido por los países de América Latina. Desde el Congreso Anfictiónico de Panamá, Simón Bolívar impulsó con determinación la idea de que las repúblicas recién independizadas pudieran reconocerse como naciones hermanas, capaces de caminar juntas y forjar un destino común de prosperidad y defensa frente a potencias externas. Sin embargo, a lo largo de más de dos siglos, este ideal se ha reiterado en esfuerzos de integración, declaraciones conjuntas, cumbres presidenciales y agendas multilaterales sin traducirse plenamente en resultados decisivos para el progreso de los pueblos latinoamericanos. A lo largo del siglo XIX, la región ensayó diversos proyectos de confederación y alianzas, particularmente en Centroamérica y la región andina. Durante el siglo XX, la integración adquirió un carácter más estructurado, especialmente con iniciativas como el Área de Libre Comercio de las Américas, que incorporaron un enfoque más institucional y orientado a la articulación económica. El contexto internacional actual, caracterizado por una creciente incertidumbre global, el debilitamiento del respeto a las normas de los organismos multilaterales de comercio, las tensiones geopolíticas y las disputas tecnológicas, ha reconfigurado las reglas del sistema internacional. En este escenario, la reciente iniciativa denominada «Escudo de las Américas», promovida por Estados Unidos en la ciudad de Miami en marzo de 2026, reunió a más de una decena de líderes latinoamericanos en torno a una agenda de seguridad centrada en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. No obstante, su carácter selectivo, tanto en la convocatoria como en la orientación de la agenda, puso de relieve dinámicas de alineamiento que responden más a afinidades políticas que a una lógica de integración regional. La ausencia de países de gran relevancia como México y Colombia, que durante décadas han enfrentado directamente este fenómeno, refuerza la percepción de fragmentación política y de cooperación parcial. Este tipo de esquemas no solo limita la construcción de respuestas colectivas, sino que también debilita los mecanismos propios de concertación regional. A ello se suman las tensiones recientes en torno al principio de soberanía y la no intervención, reavivadas por los acontecimientos ocurridos a inicios de este año en Venezuela. La falta de una posición regional articulada ha generado incertidumbre y ha puesto en evidencia las dificultades de América Latina para actuar de manera coordinada frente a situaciones que comprometen principios fundamentales de su tradición diplomática. A pesar de estos desafíos, se abren también oportunidades. El hecho de que Colombia ejerza la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) representa una ventana para reactivar una agenda de integración más coherente y estratégica. Más que un espacio protocolario, este mecanismo puede consolidarse como un escenario clave para reconstruir consensos mínimos y reposicionar la unidad regional como una condición necesaria en un entorno internacional cada vez más incierto. En este esfuerzo, Brasil se perfila como otra voz estratégica. Su peso económico y político, junto con una mayor articulación con Colombia, podría contribuir a dinamizar la cooperación regional y fortalecer la capacidad de América Latina para actuar de manera más coordinada en el escenario internacional. En este contexto, la cooperación deja de ser una aspiración retórica para convertirse en un imperativo estratégico. La desunión, por el contrario, se configura como un riesgo inmediato en un mundo que, para hacer frente a la crisis, tiende a organizarse en bloques económicos y políticos. América Latina enfrenta, así, una encrucijada decisiva: continuar fragmentada o asumir, con determinación, que solo en la unidad reside la posibilidad de un futuro propio, más fuerte y verdaderamente soberano. (Tatiana Gélvez Rubio es expresidenta en Colombia de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y África ALADAA y docente e investigadora, Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia) (Las opiniones expresadas en este artículo son de la autora y no reflejan necesariamente la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)