Especial: Brasil enfrenta desafío en producción sostenible de etanol para barcos y aviones, afirman expertos
SAO PAULO, 29 oct (Xinhua) — Brasil busca mejorar la sostenibilidad ambiental en la producción de etanol a base de maíz, al ampliar su uso como combustible en el transporte marítimo y como materia prima para queroseno de aviación, dos mercados internacionales que ofrecen oportunidades de crecimiento, pero que exigen controles en toda la cadena productiva, según la opinión de expertos.
«Ampliar en Brasil la producción de etanol de maíz y no conocer cuál es la demanda puede ser un riesgo», alertó el coordinador del Centro Global de Agronegocios de la institución de educación superior Insper, Marcos Jank.
El coordinador se refirió en específico a los desafíos de una industria que necesita garantizar la sostenibilidad ambiental y encontrar compradores suficientes para su creciente producción.
El puerto de Santos, el principal de Brasil y de Sudamérica, localizado en el estado brasileño de Sao Paulo (sureste), anunció el inicio del abastecimiento regular de embarcaciones con etanol.
Después de una operación piloto realizada en julio de 2026, Santos difundió de manera reciente que 159 barcos ya pueden utilizar el biocombustible y otros 450 deberán ser entregados hasta 2030 con capacidad para hacerlo.
La naviera danesa Maersk ya abasteció este mes un buque con bioetanol en Singapur, en la mayor operación del tipo realizada hasta entonces.
Estas iniciativas abren posibilidades para que Brasil amplíe su participación en el mercado de combustibles alternativos para el transporte marítimo, cuya expansión dependerá también de las normas internacionales de reducción de emisiones y de los costos de producción, según informes del diario brasileño «Valor Económico».
En la aviación, el etanol puede utilizarse como materia prima para fabricar Combustible Sostenible de Aviación (SAF, por sus siglas en inglés), una alternativa destinada a reducir las emisiones del sector, aunque más cara.
La empresa JetBio, vinculada al grupo controlador de FS, anunció que proyecta construir una refinería en el municipio de Paulinia, en el estado de Sao Paulo, con una inversión estimada de 2.000 millones de dólares y capacidad para procesar hasta 1.800 millones de litros de etanol al año.
El director ejecutivo de FS, Rafael Abud, afirmó que esta refinería podrá producir 100 por ciento SAF o 100 por ciento «diésel renovable» a partir del etanol.
La expansión de estos mercados dependerá, no obstante, de la competitividad de los precios y de la capacidad de Brasil para demostrar que el biocombustible reduce las emisiones sin contribuir a la deforestación.
En el estado de Mato Grosso (oeste), el Ministerio Público investiga una posible tala de vegetación nativa para abastecer las calderas de plantas de etanol.
La directora ejecutiva del Instituto Centro de Vida, Alice Thuault, ha señalado que Brasil dispone de instrumentos para monitorear la deforestación, pero todavía necesita mejorar la coordinación entre los sectores involucrados y el acceso a la información sobre la regularidad ambiental de los proveedores.
El problema también está relacionado con el abastecimiento energético de las propias plantas industriales en Brasil.
Un informe de Itaú BBA calcula que las calderas podrían requerir alrededor de 440.000 hectáreas de eucalipto plantado hasta finales de 2026, superficie que podría duplicarse para 2030, si la industria depende de manera exclusiva de esta fuente de biomasa.
Expertos han advertido en tal sentido sobre la contradicción de recurrir a la destrucción de bosques para producir un combustible presentado como alternativa energética sostenible, así que la verificación de las materias primas agrícolas constituye uno de los desafíos para garantizar la credibilidad ambiental del sector.
La producción de etanol a base de maíz gana espacio en Brasil, país que se coloca como un competidor de Estados Unidos en el área del alcohol como combustible.
Entre julio y septiembre de 2026, el país sudamericano produjo 2,9 millones de metros cúbicos de etanol de maíz, 23,71 por ciento más respecto al registrado en el mismo periodo del año anterior, según datos de la Agencia Nacional del Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles.
La participación del etanol a base de maíz en la producción nacional pasó así del 16,29 por ciento en el tercer trimestre de 2025, al 20 por ciento en el mismo periodo de 2026, según el Instituto de Economía Agrícola de Mato Grosso (Imea), un estado considerado centro productor de Brasil.
Según el Imea, una de las ventajas del cereal es la posibilidad de abastecer las plantas industriales durante todo el año.
A diferencia de la caña de azúcar, cuya disponibilidad está más condicionada a los ciclos agrícolas, el almacenamiento de maíz permite dar continuidad a las operaciones industriales, fortalecer la demanda interna y ampliar la participación del cereal en la matriz brasileña de biocombustibles.
Una de las ventajas del modelo brasileño es que aprovecha el maíz de una segunda cosecha, es decir, plantado después de la soya en las mismas superficies agrícolas.
En el caso brasileño, los defensores del sector argumentan que la utilización de la segunda cosecha reduce la competencia directa con la producción de alimentos, al ser Brasil el principal productor y exportador mundial de etanol a base de caña de azúcar.
Este biocombustible constituye uno de los pilares de la modalidad flexible conocida como «flex-fuel», que permite utilizar gasolina, etanol o una mezcla de ambos, desarrollada por décadas en el país, a partir del programa inaugurado en 1973 para reducir el uso de gasolina tras la crisis del petróleo. Fin