Especial: Alianza entre fabricantes tradicionales y empresas chinas acelera transformación del automóvil en Brasil
RÍO DE JANEIRO, 28 sep (Xinhua) — La creciente presencia de fabricantes chinos está reconfigurando la industria automotriz brasileña y llevando a marcas tradicionales, como Renault, Stellantis, General Motors y Volkswagen, a establecer alianzas con empresas asiáticas para acceder a tecnologías de electrificación, reducir los tiempos de desarrollo y competir en un mercado cada vez más orientado hacia los vehículos híbridos y eléctricos. Los automóviles electrificados, que incluyen modelos híbridos y totalmente eléctricos, sumaron 372.000 unidades vendidas en Brasil entre enero y agosto de 2026, cerca de una cuarta parte del mercado automotor nacional. En paralelo, las marcas chinas han ampliado rápidamente su participación y según la consultora K.Lume, representan 21 por ciento de las ventas de automóviles en Brasil, frente a apenas 0,5 por ciento en 2016. «Las asociaciones son una buena estrategia, pues la industria tradicional global quedó atrás en relación con China», afirmó a Xinhua Milad Kalume, director Ejecutivo de K.Lume, una consultora especializada en automoción. Kalume explicó que los fabricantes tradicionales comenzaron a acelerar los movimientos tras la llegada de GWM y BYD a Brasil en 2022, compañías que combinaron vehículos con alto contenido tecnológico, precios competitivos y una rápida expansión industrial. El especialista señaló recientemente que los automóviles chinos «no son una moda pasajera» y estimó que las marcas del país asiático podrían alcanzar entre 33 y 35 por ciento del mercado brasileño en los próximos años. El avance chino ya se refleja en las estrategias industriales de los grandes fabricantes. Renault se asoció con Geely, que adquirió una participación de 26,4 por ciento en su operación brasileña. En septiembre comenzó en Paraná la producción del híbrido enchufable Geely EX5 EM-i, mientras que otro modelo eléctrico será producido a partir de diciembre. Renault también prevé utilizar tecnología de Geely para fabricar su primer vehículo electrificado nacional en 2027. Stellantis prepara la producción de vehículos de la china Leapmotor en Pernambuco; General Motors utiliza plataformas desarrolladas en China para fabricar vehículos electrificados de Chevrolet en Brasil, y Volkswagen se asoció con SAIC para ingresar al mercado brasileño de vehículos comerciales ligeros. Para Ricardo Roa, socio líder del sector automotor de KPMG América del Sur, la llegada de fabricantes chinos está elevando la presión competitiva y obligando a la industria instalada en Brasil a acelerar la transformación tecnológica. «El sector atraviesa un nuevo ciclo de transformación», explicó Roa, quien destacó el impacto de la electrificación, la tecnología incorporada a los vehículos y la reorganización de la cadena de proveedores. El especialista señaló también que la industria automotriz necesita acelerar los ciclos de desarrollo para responder a una competencia cada vez más tecnológica. Según Roa, las empresas deben combinar la experiencia tradicional del sector con nuevas capacidades vinculadas al software, la inteligencia artificial y la electrificación. El fenómeno también refleja una inversión de la relación histórica entre las industrias occidental y china. Desde finales de la década de 1970, fabricantes occidentales recurrieron a empresas chinas para acceder al enorme mercado asiático y ahora son algunas de esas mismas compañías las que buscan en China tecnologías y plataformas para acelerar la transición hacia los vehículos electrificados. Una de las principales ventajas de las empresas chinas es la velocidad de desarrollo. Según datos citados por UOL, China ha reducido en la última década a aproximadamente la mitad el ciclo de creación de nuevos vehículos respecto al modelo tradicional de la industria, que puede requerir entre tres y cinco años. El reto para Brasil será convertir la expansión de los vehículos chinos en una oportunidad para fortalecer la producción nacional. De los 372.000 electrificados vendidos hasta agosto, el 61 por ciento fueron importados, mientras que el 22,3 por ciento correspondió a vehículos montados mediante sistemas CKD o SKD y apenas el 16,7 por ciento fueron producidos íntegramente en el país. La asociación entre fabricantes tradicionales y empresas chinas puede, por tanto, acelerar la electrificación al tiempo que permite aprovechar la infraestructura industrial, las redes de distribución y la cadena de proveedores ya existentes en Brasil. El proceso apunta a una nueva etapa para la industria automotriz brasileña, en la que la competencia no se limitará al precio o a la marca, sino que estará cada vez más determinada por la tecnología, la velocidad de innovación, las baterías, el software y la capacidad de desarrollar vehículos adaptados a las necesidades de cada mercado. Fin