Especial: El deseo de un padre y la misión de una hija de disculparse por la guerra de agresión de Japón contra China
TOKIO, 16 sep (Xinhua) — «Ojalá mi padre me hubiera contado, aunque fuera un poco, sobre lo que hizo exactamente en China», afirmó Ayako Kurahashi, de 79 años, frente a un monumento que lleva grabadas las disculpas de su padre, en un cementerio de Yoshioka, en la prefectura japonesa de Gunma. El padre de Kurahashi, Yukichi Osawa, sirvió en la policía militar del Ejército de Kwantung durante la invasión japonesa de China. Estuvo destinado, entre otros lugares, en Tianjin, Beijing y Dongning, en la provincia nororiental china de Heilongjiang. EL DESEO DE PLASMAR SUS DISCULPAS EN PIEDRA Cuando Japón se rindió en 1945, Osawa fue capturado por las fuerzas soviéticas, pero logró escapar y finalmente regresó a Japón. En 1986, en su lecho de muerte, Osawa tomó un trozo de papel que había junto a su almohada. «Me entregó la nota y me dijo: ‘Cuando muera, haz que graben estas palabras en mi lápida'», recordó Kurahashi. «Serví en el antiguo Ejército japonés durante 12 años y ocho meses, 10 de ellos como suboficial del Ejército destinado en China (antiguo suboficial de la policía militar)… Participé en la guerra de agresión y siento un profundo remordimiento por todo lo que hice al pueblo chino. No puedo hacer otra cosa que ofrecer mis más profundas disculpas al pueblo chino», decía la nota. Kurahashi contó que su padre le había dicho que lamentaba haber participado como miembro de la policía militar en la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa y que quería que sus disculpas quedaran inscritas en un monumento, pero nunca habló de lo que había hecho realmente en China. Sin embargo, su tío y su hermano mayor se opusieron firmemente a la idea, pues consideraban que deshonraría a la familia. «¿Por qué, exactamente, sintió mi padre la necesidad de disculparse?» Esta pregunta siempre ha atormentado a Kurahashi. En busca de una respuesta, Kurahashi contactó con un antiguo miembro de la policía militar que había servido junto a su padre. Le habló de las disculpas que Osawa pronunció en su lecho de muerte y le pidió que le contara qué había hecho su padre en aquella época. «Se emocionó mucho al ver fotografías de mi padre en sus últimos años, pero nunca se sinceró sobre lo que había ocurrido en aquella época», afirmó Kurahashi. Sin respuestas a sus preguntas, Kurahashi comenzó a participar en sesiones de estudio y seminarios sobre la historia de la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa. A través de estas actividades conoció a Li Suzhen, vicepresidenta ejecutiva de la Asociación de Investigación de Historia Oral y Cultura China-Japón y profesora distinguida de la Universidad Normal de Changchun, en China. «La policía militar japonesa tenía amplias facultades para realizar detenciones», explicó Li, quien añadió que el padre de Kurahashi pudo haber estado involucrado en graves crímenes, lo que podría explicar su deseo de disculparse. UN PODEROSO INSTRUMENTO DE REPRESIÓN Para el historiador japonés Seiya Matsuno, investigador del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de la Universidad Meiji Gakuin, el papel de la policía militar en la invasión japonesa de China resulta esencial para comprender la historia de la guerra. «La policía militar ya estaba presente en China cuando se estableció el Ejército de Kwantung», dijo Matsuno recientemente a Xinhua en Tokio. «A medida que la agresión japonesa se extendió tras el Incidente del 18 de Septiembre y el Incidente del 7 de Julio, unidades de la policía militar fueron desplegadas en distintas partes de China». Matsuno, quien lleva años estudiando la historia moderna de Japón y la agresión japonesa contra China, mostró a Xinhua copias de documentos históricos que había recopilado. Entre ellos se encontraba el «Sakusen Yomurei», o Reglamento del Servicio en Campaña, aprobado por el Ministerio del Ejército de Japón en 1940. Matsuno señaló una sección en la que se especificaban las funciones de la policía militar, entre ellas proteger secretos militares, buscar espías, censurar las comunicaciones y a las organizaciones de medios de comunicación, así como reprimir a civiles considerados «hostiles», incluidos aquellos que se resistían al Ejército japonés o se negaban a colaborar con las fuerzas de ocupación. «La policía militar actuó como el brazo ejecutor y la vanguardia del Ejército japonés a la hora de reprimir a la población local durante la invasión y la ocupación japonesas», afirmó Matsuno. «Tenían un poder enorme y era una organización que infundía mucho miedo». Matsuno también mostró una copia de un informe secreto de una unidad de la policía militar del Ejército de Kwantung. El documento describía cómo debía tratarse a una persona sospechosa de espionaje. El informe concluía que la persona no tenía valor para una «utilización inversa», término utilizado para referirse a la conversión de personas capturadas en agentes japoneses, y recomendaba su «traslado especial». «El ‘traslado especial’ significaba enviar a la persona a la Unidad 731», explicó Matsuno. La Unidad 731, conocida oficialmente como Departamento de Prevención de Epidemias y Purificación del Agua del Ejército de Kwantung, llevó a cabo horribles experimentos con seres humanos y acciones de guerra biológica y bacteriológica durante la Segunda Guerra Mundial. El padre de Kurahashi tenía el rango de suboficial de la policía militar. Matsuno explicó que, por lo general, los suboficiales de la policía militar eran responsables de dirigir a sus subordinados en operaciones en primera línea y que Osawa pudo haber participado en la búsqueda, detención y represión de personas que se resistían a las fuerzas japonesas. UNA HIJA EN BUSCA DE LA VERDAD Kurahashi recuerda a su padre como un hombre severo. Sin embargo, hay una escena que se le ha quedado especialmente grabada en la memoria. Un día, mientras veía un programa de televisión sobre la guerra de Japón en China, Osawa comenzó a llorar. «Él decía que había dos tipos de personas», recordó Kurahashi. «Algunas gritaban y suplicaban por sus vidas antes de ser asesinadas. Pero otras, incluso cuando estaban a punto de morir, miraban de frente con determinación». «Creo que mi padre debió sufrir profundamente al recordar a aquellas personas que fueron asesinadas por ellos», dijo. Sin embargo, Kurahashi nunca ha podido determinar exactamente qué hizo su padre durante los años que pasó en China. Su deseo de dejar un testimonio público de arrepentimiento, no obstante, permaneció en su memoria. Después de que falleciera su hermano mayor, quien se había opuesto a la construcción del monumento, Kurahashi escribió a su sobrino y obtuvo su consentimiento. En 1998, mandó erigir un monumento independiente en un rincón del cementerio familiar, con la declaración completa de disculpa de su padre grabada en la piedra. El último deseo de Osawa se había cumplido por fin. Posteriormente, Kurahashi viajó en varias ocasiones a China para expresar el arrepentimiento de su padre. Visitó, entre otros lugares, el Museo de la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa y el Salón Conmemorativo de las Víctimas de la Masacre de Nanjing cometida por los invasores japoneses. Ver más documentos sobre la invasión japonesa de China le causó una profunda impresión. «Cada lugar me impactó enormemente», afirmó. Kurahashi, quien anteriormente fue profesora de secundaria en Japón, señaló que la sociedad japonesa no ha reflexionado suficientemente sobre la historia de la guerra. En las aulas japonesas, explicó, los profesores pueden hablar a los estudiantes sobre algunos de los lugares donde estuvo desplegado el Ejército japonés, pero a menudo no profundizan en lo que realmente hicieron allí las fuerzas japonesas. Kurahashi espera que Japón afronte y reflexione sobre su historia de agresión y que las palabras grabadas en el monumento de disculpas de su padre lleguen a un público más amplio. En medio de lo que ella considera un creciente giro hacia la derecha en Japón y el resurgimiento de un «nuevo militarismo», a Kurahashi le preocupa cada vez más que el monumento pueda sufrir daños deliberados. Por ello, este año decidió donar una réplica del monumento a la Universidad Normal de Changchun. «Lo que desaparece ante nuestros ojos también desaparecerá de nuestros corazones. No quiero que esa frase se convierta algún día en realidad», afirmó Kurahashi. «Espero sinceramente que este monumento de disculpas nunca sea destruido y permanezca aquí para siempre, revelando la verdad de la historia y salvaguardando la paz mundial», añadió. Fin