Especial: Lucha libre para llenar la espera en el Trampolín hacia Europa
ALGECIRAS, España, 17 ago (Xinhua) — La playa del Trampolín, cerca de la frontera entre España y Marruecos, se convirtió el pasado fin de semana por unos momentos en un improvisado terreno de lucha libre, en el que varios hombres se enfrentaron sobre la arena, mientras otros formaban un círculo para observar el pequeño torneo amistoso organizado por quienes llevan días de vivir en la playa.
Entre los participantes había personas de distintos países africanos como Zimbabue, Senegal, Sudán, Sudán del Sur, Egipto y Malí, entre otros, cuya nacionalidad pudo confirmar Xinhua.
No había instalaciones deportivas, así que la misma arena sirvió como superficie de combate y los propios residentes de la playa componían el público, en medio de un torneo que nació de una espera sin calendario.
Miles de personas permanecían todavía en la ciudad de Ceuta, después de la entrada masiva desde Marruecos los días 30 y 31 de julio pasado, entre ellas muchas sin saber cuándo serían registradas, si podrían solicitar asilo, si serían regresadas o si encontrarían alguna forma de continuar hacia la península ibérica.
Ceuta forma parte de España, aunque mantiene un régimen fronterizo especial, pues llegar a la ciudad no permite viajar de forma automática a la península ibérica, ni a otros países europeos.
En la playa, a esas personas les sobra el tiempo libre, pero les falta libertad para continuar el viaje, un marco en el que la lucha libre se convirtió en una manera de ocupar las horas.
Durante los combates, quienes esperaban dejaron por un momento los refugios, las filas, los trámites y la incertidumbre para concentrarse en lo que ocurría sobre la arena, alrededor de un improvisado terreno de lucha, mientras la vida cotidiana continuaba.
Dos marroquíes, Reda y Mohcin, construían lo que llamaban una casa mediante la atadura de cañas para formar una estructura que cubrían con plásticos y otros materiales recogidos en los alrededores.
El pasado fin de semana se contaron al menos 80 refugios en la playa, un número que no incluía los que aún eran levantados, ni los espacios improvisados ya existentes alrededor de sombrillas o dentro de un paso subterráneo, de acuerdo con el testimonio de Xinhua.
Entre las precarias construcciones, un hombre cortaba el pelo a otro, algunas personas vendían bebidas, alimentos y cigarrillos, mientras que los trabajadores de limpieza retiraban los residuos acumulados, al tiempo que nuevos rastros de actividad aparecían sobre la arena.
Hamdi, un tunecino que llevaba 17 días en la playa, había instalado un pequeño puesto junto a su refugio donde vendía aperitivos y cigarrillos, aunque de vez en cuando sacaba productos de su propia mercancía para entregarlos de forma gratuita a los migrantes más jóvenes.
Antes de llegar a Ceuta, Hamdi trabajó como fontanero y también instalaba o reparaba aparatos de aire acondicionado, en espera de poder viajar a Madrid, la capital española, para encontrar algún empleo relacionado con su oficio.
Como esa persona de origen africano, otros residentes temporales de la playa hablaban de los trabajos que pasaron antes de iniciar el viaje, al haber algunos con conocimientos en construcción, mecánica y comercio, así como otros que hablan varios idiomas, pero en Ceuta esas capacidades permanecían suspendidas junto con los proyectos individuales.
Sin trabajo, sin horarios y sin una fecha clara para abandonar la playa, las actividades más sencillas comenzaron a ordenar los días: levantar un refugio, cortar el pelo, vender alimentos, compartir una comida o participar en un combate de lucha libre.
El nombre de la playa promete un impulso hacia adelante, aunque para quienes viven allí de forma temporal todavía es imposible saber si aquel lugar es el comienzo de la siguiente etapa o el final del viaje, mientras esperan una respuesta y llenan el tiempo con las posibilidades disponibles sobre la arena.
En español, «lucha libre» también significa, palabra por palabra, «lucha» y «libertad», así que en la playa del Trampolín, esa condición era para la mayoría solo la que cabía dentro de un combate deportivo.
La lucha libre ofreció la posibilidad momentánea de movimiento dentro de una situación de inmovilidad y permitió también a quienes proceden de distintos países con diferentes idiomas compartir una actividad sin necesidad de demasiadas explicaciones.
Cuando terminó el último combate, el círculo de espectadores se deshizo y algunos regresaron a los refugios, otros al pequeño puesto de alimentos y otros más permanecieron sentados sobre la arena, pues en la playa todavía quedaban muchas horas por llenar. Fin