Cuatro Institutos Confucio operan en Perú con más de 84.000 alumnos

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Los Institutos Confucio, presentes en más de 160 países, mantienen cuatro sedes en Perú donde han formado a más de 84.000 estudiantes desde 2009. Estas instituciones gestionan convenios con universidades chinas para otorgar becas de pregrado y posgrado.

Por José Linares Gallo

La educación no debería convertirse en rehén de las disputas geopolíticas entre las grandes potencias. Sin embargo, eso es precisamente lo que ocurre cuando se cuestiona la presencia de instituciones educativas por el país de origen de su cultura, en lugar de evaluar sus aportes concretos.

Los Institutos Confucio, presentes en más de 160 países y regiones, constituyen una oportunidad para acercarnos a una de las civilizaciones más antiguas del mundo, aprender su idioma y ampliar nuestras posibilidades de desarrollo. En Perú, donde funcionan cuatro de estos centros, debemos resaltar el valor de esta cooperación y evaluar sus resultados con criterios propios.

Hacia el 500 a. C., Confucio sentó las bases de la educación universal al democratizar el acceso al saber sin distinciones de clase. Como expresé en septiembre de 2021, en mi columna del diario Expreso titulada «Reflexionando», su principio rector «oigo y olvido, veo y recuerdo, hago y aprendo» anticipó el modelo de aprendizaje activo y la relación maestro-aprendiz, convirtiéndolo en un referente pedagógico común tanto para Oriente como para Occidente.

Esta tradición mantiene una vigencia indiscutible. La educación no puede reducirse a la repetición memorística: necesita promover la investigación autónoma, la experimentación y la resolución de problemas reales. A ello se suman valores como la responsabilidad, el respeto a los mayores, la rectitud moral y la armonía comunitaria.

Conocer la cultura china permite comprender mejor una civilización cuya experiencia educativa merece ser estudiada. Los Institutos Confucio contribuyen precisamente a ese acercamiento mediante la enseñanza del mandarín y la difusión cultural. Su existencia no obliga a compartir el sistema político de su país.

Desde 2009, los convenios vinculados a los Institutos Confucio han permitido formar a más de 84.000 estudiantes peruanos en el idioma y la cultura china. Este resultado merece reconocerse. No se trata únicamente de aprender vocabulario o conocer tradiciones milenarias, sino de desarrollar capacidades que pueden traducirse en mejores oportunidades laborales y profesionales para el país.

La alianza entre la Universidad de Piura (UDEP) y el Instituto Confucio ha permitido fortalecer la enseñanza del chino mandarín y abrir nuevas oportunidades de formación internacional para los jóvenes peruanos. A través de convenios con universidades chinas, como la Universidad Normal de la Capital, los estudiantes pueden acceder a becas para realizar intercambios académicos, cursar estudios de pregrado y posgrado, y especializarse en el idioma y la cultura china.

Por su parte, el Instituto Confucio de la Universidad Ricardo Palma (URP), en Lima, impulsó un convenio con China Yangtze Power International, empresa vinculada al sector energético, para desarrollar el programa de becas CTG, beneficiando principalmente a estudiantes de las carreras de ingeniería.

La alianza entre la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y el Instituto Confucio constituye una oportunidad para ampliar la formación académica y profesional de los estudiantes peruanos. A través de sus programas de becas, jóvenes han accedido a universidades chinas con beneficios que pueden incluir matrícula, alojamiento, seguro médico y estipendios mensuales. Esta cooperación se complementa con la enseñanza del mandarín y actividades de intercambio cultural que acercan a los estudiantes a la sociedad china.

Así, aprender el idioma no solo permite conocer una de las civilizaciones más antiguas del mundo, sino también desarrollar competencias útiles para acceder a estudios internacionales, mejorar el perfil profesional y aprovechar futuras oportunidades laborales en ámbitos como el comercio exterior, los negocios y la cooperación entre Perú y China.

La Universidad Católica de Santa María, en la ciudad de Arequipa, también demuestra los beneficios de la cooperación educativa con China. A través de su alianza con el Instituto Confucio y la Universidad de Estudios Internacionales de Guangdong (Gdufs), más de 6.500 personas aprendieron chino mandarín, mientras que cientos de escolares y universitarios accedieron a experiencias de intercambio cultural en China.

Esta cooperación se ha ampliado hacia nuevas oportunidades de formación académica y profesional. En noviembre de 2025, la universidad anunció la ratificación de convenios y el impulso de programas de posgrado en negocios internacionales y marketing global, así como iniciativas en ingeniería y biotecnología.

La importancia de esta formación aumenta si consideramos nuestra relación económica con China. El país asiático es nuestro principal socio económico y comercial y las exportaciones peruanas hacia ese mercado superaron los 33.400 millones de dólares en 2025. Además, más de 200 empresas chinas operan en sectores importantes de nuestra economía.

¿Cómo pretendemos aprovechar plenamente esta relación si no formamos profesionales capaces de comunicarse con nuestros socios, comprender su cultura y participar en proyectos conjuntos? Necesitamos más conocimientos, más investigación y más cooperación internacional, no cerrar oportunidades educativas por razones ajenas a nuestros intereses.

Las universidades peruanas tienen la responsabilidad de evaluar sus convenios y garantizar su autonomía. También tienen el derecho a decidir con quién cooperan, siempre dentro del marco legal. La decisión no debe quedar condicionada por las preferencias geopolíticas, podemos mantener relaciones académicas con otras potencias sin renunciar a nuestra independencia.

Existe un vínculo histórico que merece mayor investigación. China y las antiguas civilizaciones peruanas, incluidas la caral (entre 3500 y 1800 a. C.) y las culturas preinca e inca, desarrollaron conocimientos matemáticos y sistemas propios de registro de información. El ábaco chino y el quipu andino constituyen ejemplos de esa capacidad humana para organizar y transmitir conocimientos, aunque no sean equivalentes directos de una computadora moderna. Estudiar estos legados puede abrir nuevas perspectivas de investigación e intercambio cultural.

Perú necesita ampliar sus horizontes educativos, no reducirlos. Los Institutos Confucio ofrecen una oportunidad para aprender un idioma estratégico, conocer una cultura milenaria y preparar a nuestros jóvenes para un mundo cada vez más interconectado. Defendamos la transparencia y la libertad académica, pero también el derecho de nuestras universidades a elegir sus socios y el de nuestros estudiantes a acceder a nuevos conocimientos.

Se trata de oportunidades que permiten a los estudiantes ampliar sus conocimientos, desarrollar competencias interculturales y prepararse para participar en un mundo donde la relación con China tiene una importancia creciente para el desarrollo de Perú.

La educación debe construir puentes, no levantar barreras. Y Perú debe decidir soberanamente qué oportunidades aprovecha para su desarrollo.

(José Linares Gallo es un economista y político peruano, además de ser especialista en tecnologías educativas)

(Las opiniones expresadas en este artículo son de la autora y no necesariamente reflejan la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)

Contexto para México

Contexto para México: La red global de estos centros educativos tiene presencia activa en varios países de América Latina, incluido México. Su función principal es la enseñanza del idioma mandarín y la difusión cultural, ofreciendo a los estudiantes mexicanos y latinoamericanos opciones de formación complementaria y vínculos académicos con instituciones asiáticas.

Con información de la agencia de noticias Xinhua.

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